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Encuesta Chesterton |
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Julián Martín Martínez, Presidente de ANCABA, (Asociación de Catedráticos de Instituto) |
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Catedrático de Instituto, especialidad Lengua y Literatura españolas, treinta años en la clase con la tiza. Ha sido el director de la revista Cátedra Nova de la Asociación de Catedráticos y profesor en Curso de Adaptación Pedagógica (CAP). Tiene publicados numerosos artículos sobre educación y sobre enseñanza en las revistas especializadas y en diarios. 1 ¿Está la educación pública en peligro? - Creo que sí porque la enseñanza está ideologizada y politizada. Y es una pena porque la Enseñanza General Básica en los setenta y parte de los ochenta tuvo un gran nivel y el Bachillerato español fue de los mejores de Europa y con ambos sistemas los hijos del pueblo llano con poca cultura podían mediante su esfuerzo escalar hasta los primeros puestos. Pero los centros ya no son recintos académicos sino asistenciales. En eso los han convertido las Leyes. Está en peligro nuestra enseñanza pública porque no cumple su función de enseñar. Habría que volver a Ley Moyano que conmemoramos este año. El “Lee y conducirás; no leas y serás conducido” de Santa Teresa, que por cierto ya no entra en el programa de Bachillerato, es aplicado casi al pie de la letra. La docencia ha sido sustituida por la pedagogía o conducción de los alumnos conforme a determinadas pautas. El afán de instruir, el interés por la ilustración es considerado un lujo en las etapas obligatorias, innecesario por tanto, y hasta reaccionario para determinados círculos. ANCABA viene luchando desde final de los ochenta por devolver al sistema la calidad perdida. Ello queda patente en la caída de la calidad, perceptible en un nivel académico ramplón. Basta comparar la exigencia de los exámenes de Bachillerato y selectividad de hace diez años, no digamos veinte, con los de ahora. Un sistema de enseñanza donde el esfuerzo no es rentable impide la ascensión de los mejores. El trabajo de los alumnos responsabilizados no se ve recompensado e impide la promoción social. No hay competitividad porque los estímulos son malos según los principios igualitarios imperantes. 2. ¿Cómo se puede mejorar? - Volviendo a los principios de mérito y capacidad demostrada, buenos resultados académicos en unas pruebas. Las estadísticas no pueden tener como referente a “alumnos que suspenden tres o menos” y a “alumnos que suspenden más de tres asignaturas”. El hecho de no contemplar los aprobados, notables o sobresalientes da idea del rigor académico de un centro. Hay que recuperar los objetivos académicos y procurar que los alumnos consigan niveles básicos en vez de niveles mínimos. El profesor, por otro lado, dilapida su energía cuando tiene que dedicarse a combatir actitudes y comportamientos que le impiden ejercer su labor docente. Alfonso X hablaba del ayuntamiento de profesores y alumnos para conseguir el saber pero es difícil conseguir esta coincidencia. 3. ¿Qué le falta a la educación pública para estar al nivel de la privada y concertada? -Seriedad, clima de trabajo, disciplina, premiar los frutos del trabajo (no hacer sin más una loa al “se esfuerza algo” como destello del desperezarse sin más). Seriedad en la preparación y promoción de los alumnos aunque la propia LOE tiene unas tragaderas inmensas para esto de la promoción y contradice el criterio de tantos profesores. La LOGSE copió la nomenclatura de la enseñanza privada pero no pudo trasladar o reproducir unos comportamientos consecuentes con el significado de las palabras. La “educación” se ha quedado en actuación o representación política, es decir, en palabras y gestos, en eslóganes publicitarios, en frases biensonantes, en puro teatro. La palabra “educación” ha ahogado a la enseñanza e instrucción, a la transmisión de conocimientos y saberes. Los padres enterados quieren que sus hijos aprendan y, en consecuencia, eligen los centros donde, a pesar de las leyes, todavía se imparte enseñanza y se entregan conocimientos. 4. ¿Es esencial rebajar el número de alumnos por aula para que éstos mejores? -Para una educación personalizada, cuantos menos alumnos más posibilidades de éxito. El mito de la heterogeneidad ha hecho mucho mal a la enseñanza. Por eso se requieren grupos pequeños con determinada homogeneidad para poder trabajar. El sistema conseguiría mejores resultados si la diversidad de alumnos se concreta en los centros, desde que aparecen los primeros atrasos, en una buena diversificación y en un buen tratamiento de los alumnos con problemas. 5. ¿Es el aumento del gasto público en Educación la solución contra el fracaso escolar? - La solución es compleja. Habría que corregir antes los prejuicios citados. El problema no es el dinero ni la cuantía sino a qué se dedican los fondos. Lo imprescindible son los mal llamados recursos humanos, el personal bien preparado, los profesores bien seleccionados, bien dirigidos, bien atendidos y bien reconocidos. En eso debe centrarse el gasto público. El fracaso escolar, por otra parte, se gesta en la enseñanza primaria y ahí es donde hay que aplicar esos medios o intermediarios humanos para que no se escapen niños sin saber leer y sin las cuatro reglas, como está ocurriendo. 6. ¿Puede influir la entrada en las aulas de los niños inmigrantes en el nivel general de la clase? -Por supuesto. Los niños no pueden caer en las aulas sin paracaídas. La Administración tiene que ser flexible y ofrecer a os niños inmigrantes un cursillo preparatorio antes de incluirlos de golpe y porrazo –sin adecuación- en un tren que lleva su marcha, sea airosa o renqueante. Así se evitaría que chirriaran los rodamientos. Es, pues, necesaria, una adaptación lingüística y cultural de estos niños, un tiempo de preparación ofrecido por expertos. Y los centros no tienen organización para esto: Todos los centros no disponen de estos profesores especializados ad hoc. Es prioritario, por tanto, valorar el grado de competencia comunicativa en lengua española y el nivel de competencia curricular para que la integración sea racional y eficiente. Si así fuera, esos alumnos aprovecharían más y posibilitarían un enriquecimiento cultural. 7.- ¿Afecta o condiciona la motivación de los profesores en las ganas de aprender de los alumnos? -Por supuesto. Se ha dicho que el profesorado actual no es tan vocacional como antes. Lo que sí es cierto es que el profesorado pierde vocación, entusiasmo y dedicación cuando comprueban que los alumnos no tienen disposición para aprender, cuando contempla que los padres son indiferentes, no apoyan la acción docente o la interfieren y cuando ven que la Administración ni se acompasa ni reconoce a los profesionales buenos. En definitiva, el profesor va perdiendo esa vocación cuando comprueba paso a paso que la presión de la sociedad contradice y anula su tarea de instrucción. 8. ¿Hasta qué punto es importante contar en los centros de enseñanza con multitud de recursos? -Lo importante son las personas, lo importante son los profesionales. A lo largo de la historia con pocos medios o recursos se han hecho grandes obras. El cambio social social ha sido tan grande que el alumno no ve la necesidad de aprender. Habría incluso que devolver a la escuela a los padres para que la sociedad tomara conciencia de la dimensión de la cultura y no caigamos irremediablemente en la generalización de la ignorancia. |