La educación que necesitan nuestros alumnos no se aprende con "Educación para la ciudadanía" Julián Martín Martínez, Presidente de la Asociación de Catedráticos de Instituto (ANCABA)
La educación que necesitan nuestros alumnos no puede ser conseguida en "Educación para la ciudadanía". ANCABA siempre ha sido consciente de que la instrucción va unida y lleva implícita la educación. ANCABA ya advirtió al Ministerio que la asignatura tal como está concebida- era prescindible, que entorpecía la dinámica académica y que iba a ser un apéndice o estrambote que levantaría suspicacias y crearía rechazo. "Bene curris, sed extra viam", la intención es buena pero no es esta la educación que necesita el alumno. "Cuando los padres se acostumbran a dejar hacer a sus hijos; cuando los hijos ya no toman en cuenta lo que aquellos dicen; cuando los maestros tiemblan ante sus alumnos y prefieren adularlos; cuando, finalmente, los jóvenes desprecian las leyes, porque ya no admiten por encima de ellos la autoridad de nada ni de nadie, es el principio de la tiranía y el fin de la pedagogía". Sócrates en los textos de Platón La asignatura de "Educación para la Ciudadanía" es un derroche publicitario, un anuncio de colores, una pantalla luminosa, una propaganda que suena maravillosamente, con un buena música: ética cívica, alteridad, valores democráticos, valores constitucionales, armonía preestablecida. ¡Qué palabras y qué construcciones! Por el contrario, otras palabras sencillas, tradicionales y casi eternas se dan en ella por fallecidas repentinamente, tales como cortesía, urbanidad, compostura, superación, dominio (de sí mismo), esfuerzo, honor, honra, honradez, honestidad (de medio cuerpo para arriba que decía Lázaro Carreter), hermandad, caridad, prójimo, respeto, autoridad (que decía Sócrates). Y tal vez lo que necesita el niño y el adolescente de aquí y ahora es conocer la música de estas últimas palabras porque susurran una melodía insólita para él. Los constructos parafilosóficos o el artículo tan inteligible de los Derechos Humanos que dice que "el alumno tiene derecho a ser instruido en la lengua materna" no van a cambiar los comportamientos en casa y en la calle del alumno. ¿Quién educa? El buen ciudadano ha salido de una familia sana y responsable. En la familia son iniciados los hombres con modales, los hombres que tienen urbanidad, los ciudadanos con educación. La escuela de formación de un ciudadano está en la familia donde, junto a la distinción entre el bien y el mal, aprende comportamientos, toma actitudes ante la vida, aprende a ser responsable de sus actos y va formando sus ideales y proponiéndose objetivos. En la familia el niño, gracias al amor y también a las correcciones que le hacen, va fogueando el carácter, se inicia en la reflexión y en la relación con los demás. Ninguna ley podrá sustituir el aprendizaje del hogar familiar, esta tarea inveterada. La escuela ofrecerá al niño nuevos elementos y desde otra dimensión para que él alumno decida. Pero, ahora, después del vaciado de valores realizado en la sociedad y después de los terribles problemas de violencia y de indisciplina en las aulas, aparece esta asignatura. Es como si el Gobierno dijera "quítese Usted que lo hago yo". Y esta actitud suena a decisión vieja, propia de los totalitarismos de izquierdas y de derechas, trasnochada, aunque recientemente reinstaurada en algunas latitudes. Pero lo grave es que, sonando bien el título de la asignatura, con ella no se va a producir el cambio de costumbres, de actitudes, no se va a conseguir en el alumnado "educación" a secas. Ese comportamiento con el que llegan de la familia a la escuela los coreanos o los finlandeses. Los pueblos no cambian si no cambia su mentalidad que decían Ganivet y Unamuno, y tampoco lo consiguen las leyes : leges sine moribus vanae. Es una tarea más sutil, más silenciosa, más de trabajo interior que de proclama política. La postura de ANCABA ANCABA advirtió al Ministerio que la asignatura era prescindible, que no era necesaria, que entorpecía la dinámica académica y que iba a ser un apéndice o estrambote que levantaría suspicacias y crearía rechazo. "Bene curris, sed extra viam", que se atribuye a San Agustín, corres bien pero fuera del camino, la intención es buena pero no es esta la educación que necesita el alumno. La Asociación de Catedráticos siempre se ha movido en el terreno de lo académico, de los soportes científicos de la enseñanza y de los contenidos epistemológicos. Siempre se ha preocupado de la calidad de la enseñanza. Y siempre ha sido consciente de que la instrucción va unida y lleva implícita la educación. Ahora bien, la "Educación para la ciudadanía" contiene una parte objetiva, de información científica (Constitución, Declaración de Derechos Humanos, relaciones con la Administración...)referida el ámbito social de la persona y, a su vez, incluye una parte personal conformada por las señas de identidad que tienen que ver con su intimidad, con su conciencia, con su peculiar visión del mundo. La primera parte está constituida por unos contenidos que tradicionalmente estaban recogidos en las disciplinas de Historia y de Filosofía y ampliados en otras asignaturas humanísticas como Lengua y Literatura, la interdisciplinariedad de toda la vida. En un examen de inglés de Selectividad podía aparecer un texto sobre derechos humanos o la relación entre el Estado y los contribuyentes en una prueba de francés. Ningún profesor ha puesto ninguna traba a estos contenidos, antes bien ha aprovechado efemérides de fechas determinadas para profundizar en estos temas: Fiesta de la Constitución, Día de la Unión Europea, Día de los Derechos humanos. La segunda parte toca temas que tienen que ver con la interioridad de la persona, con su mente (mentalidad), con su espíritu (espiritualidad), con su capacidad y su forma de sentir el mundo (sensibilidad y sentimiento), con su percepción de la realidad (idealismo, realismo, desprecio), con su actitud ante la vida y el mundo (optimismo, pesimismo, aburrimiento),con su conciencia...Todo aquello que llevaba a decir que cada uno tiene su alma y almario. Y es en este campo donde los profesores no quieren correr riesgos porque estos temas superan su actividad profesional: la educación emocional, modos y tipos de felicidad, la propia identidad, la afirmación del yo, el sexo, la familia, convivencia y relaciones íntimas...(epígrafes todos de un libro de texto de los que no ha escandalizado tanto). Ofrecer estos temas puede indudablemente levantar sospechas de que se pretende lavar el coco de los alumnos y encauzar sus actitudes. Por el contrario, a lo largo de la historia se ha partido y respetado que el niño, el adolescente y el joven fueran recibiendo la información familiar y la aportación escolar, que puede aumentar, modificar y completar la anterior, para que él, él mismo, mediante decisiones personales conformara su identidad personal y su imagen. La escala de valores de cada uno tiene que ser personal no inducida o aborregada. Profesorado Entre el profesorado habrá fervientes defensores y apóstoles (algunos se están preparando para la misión proselitista). También los habrá dispuestos a impartir lo que sea con tal de tener trabajo, unas horas lectivas más para completar horario. Pero la mayoría de los profesores, con cierta experiencia adquirida, tiene sus reticencias, tiene prevención, está muy renuente, siente cierto rechazo y ofrece resistencia aunque no lo manifieste. Tiene miedo, en definitiva, a meterse en la boca del lobo, a verse envuelto en líos, a tener problemas con los alumnos y con los padres, con el orientador, con la dirección del centro. Son temas muy proclives al resbalón verbal a la espontaneidad mímica, a meterse en camisa de once varas sin querer. Hasta los propios profesores de filosofía señalan que la asignatura no es para ellos porque no es una asignatura filosófica sino que parte de muchos a priori o axiomas con una ideología no explicita. En esto coinciden con el catedrático Gustavo Bueno. El profesor corriente se pregunta quién es él para hacer tal o cual afirmación, para decir o insinuar. Puede no opinar siquiera y los alumnos puede decir después que ha insinuado o se ha inclinado o ha proyectado tal opción. No digamos ya del modo de evaluar cuando, hoy que priman las pruebas objetivas, le piden que más que conceptos evalúe las actitudes del alumno ante estos o aquellos temas. El alumnado Es cierto que el alumnado actual tiene mucha información, pero poca selección y organización de las ideas. No trabaja. Quiere que se lo den hecho. Quiere que le den recetas. No quiere leer libros para ir sacando ideas, comportamientos humanos y analizarlos y formarse su visión del mundo. No quiere leer novelas para deducir algo de ellas. No quiere leer cuentos para concluir, para decidir por él mismo. Puede la asignatura acabar en una maría, porque los pobres alumnos dirán que ya tienen muchas lecturas de libros programadas en las asignaturas normales. Conclusión: En definitiva, esta operación de marketing es al mismo tiempo un bote de humo para despistar, para ocultar la realidad de la instrucción actual, para provocar una disputa que visualice a los progres y a los carcas. Lo de menos es la calidad del sistema y el capital humano. Con esta asignatura no se producirá una movilización ni en la enseñanza ni en la educación, pues seguirán sabiendo algo más los que provengan de familias con hábitos culturales y serán un poco más educados los criados en familias preocupadas, sean ricas o pobres. Mientras tanto la enseñanza, sobre todo la pública, recibe otro varapalo.
|