El perfil

 

Julián Martín Martínez, Catedrático de Instituto, ex Presidente de ANCABA

La Administración del 2008 ya no  mira a las personas de frente ni les elige por su cara, ni por sus facciones. Ahora lo que vale es el perfil, ahora lo que vale es si se adapta al estereotipo, si se ajusta al perfil. El perfil lo crea un administrador o administrativo plenipotenciario, casi todopoderoso cerebro de un partido político; el perfil lo delinea un ente que cumple misiones, un ejecutor de objetivos superiores. (Desde otra perspectiva, este agente es un intermediario, un mandado, un pobre-hombre-obediente). La institucionalización del perfil ha llegado.

El ciudadano pataleto que quiera medrar (director, inspector, cargo de mayor enjundia crematística) tiene que ajustarse al perfil creado por el diseñador. El ciudadano noble que quiera subir administrativamente tiene que tirar su personalidad por la ventana, tiene que comenzar a retocarse y a cambiar para ajustarse al perfil. Lifting, dancing. De nada le valdrán sus valores como persona, sus virtudes conseguidas a base de tesón. Lo que interesa es dar la medida y la talla. Ya no vale el valor de la persona. Sólo vale ajustarse a los patrones del patrono. Ya no existen valores universales, ¡qué dices!, sólo cuenta  lo que tiene precio: el caso es dar el perfil establecido por el creador inventor de ciudadanos útiles al programa. Ya no existe la verdad y la objetividad, las que son reconocidas, por ejemplo, en una Universidad extranjera. Aquí la medida de metal iridiado es la subjetividad del convocante, agente de un dios político mayor o de una máquina de poder. Conózcase a sí mismo...¡en el MEC!

Para distraerse y para descubrir novedades, no vaya usted a surcar mares o andar tierras lejanas e ignotas. Vaya a un despacho ministerial. Menuda aventura. Descubrirá que usted no es nada, que usted no vale nada, que las valoraciones que le han hecho a lo largo de la vida no valen, que las apreciaciones derivadas de los test no cuentan nada de nada, absolutamente nada. Y usted con su historia a cuestas se había creído lo de su currículum. Pues no, que usted sólo vale si es fiel a un perfil, fiel a una sombra chinesca que proyectan y mueven las mentes privilegiadas del dios demiurgo de la cosa del poder.

Vaya usted al taller de Perfiles. Que allí le corten, le ensamblen, le pinten, le ajusten, le alarguen. Bisturí y silicona va.            Es usted afortunado si el baremador que crea perfiles copia su jeta, toma como modelo su perfil y demanda en pública convocatoria gente ciudadana que tenga ese perfil; entonces usted es afortunado porque ese perfil solamente lo puede dar usted. Voilá, puede decir. Eureka. Esta Administración sí que sabe lo que sé yo. No me ha visto la cara, pero yo si sé la cara que tengo. Somos seres sin rostro dispuestos a cualquier metamorfosis. ¡Vaya perfil! Pero el caso es triunfar a través del travestismo. Vayan días y vengan ollas. Vayan perfiles y vengan sueldos. Lo que Usted mande, señor. Lo que el Ministerio quiera. Siga el dedo que traza la silueta. Estamos en plena era digital, de carne y hueso. De nombrar con palabras a nombrar con el dedo. De la lingüística a la cinésica.

Si para acercar posturas hay que olvidar el usted, pues a tutear. ¡Perfílate! y triunfarás si cumples la voluntad de los superiores de la Administración, no importa que seas ajeno a los conocimientos que estés despegado del mundo científico y de la ciencia. Casi mucho mejor que tengas cabeza tetra brik para que en su vacío te quepan las ideas del jefe y actúes dando muestras de dependencia de la voluntad de los mandos influyentes. Hay que decir sí aunque no lo cumplas. Tu fe ciega conllevará un cargo gratificante.

No te preocupes porque tu diccionario vital se tambalee. Verás morir muchas palabras: Imaginación, Iniciativa, Creatividad, Improvisación, Renovación, Juicio, Razonamiento, Experiencia, Discrepancia y Trabajo. A estas palabras que indican vitalidad dalas por muertas. Y con esto del perfil, las palabras que rebullirán tendrán que ver con el campo semántico del “molde”: Cliché, Plagio, Copia, Fotocopia, Maniquí, Clon, Imitador, Adulador, Reproductor, Repetidor...

Todas estas últimas palabras están medio muertas en su entraña pero tienen música. Se la ponía en un despacho ministerial un jefe de recursos humanos que quería cerrar su ópera secunda con este canto. Un canto al perfil de los tíos que valen para servir.

Es la norma del nuevo estado, del nuevo estado de cosas. Convocatorias con perfil.