La ministra maniatada

 

Julián Martín, Presidente de Ancaba

 

La princesa durmiente va a la escuela, escribió Torrente Ballester. Fue a la escuela cuando se despertó, cuando la sacó del sueño el príncipe. Superado el maleficio del hada falaz pudo ir a la escuela a aprender.

A la ministra la han traído maniatada. La han traído como un pájaro libre, digo independiente, pero le han colocado rápidamente en una jaula. Ha tenido que acceder a unas promesas (tragar) del partido que la ha llamado, promesas que con las prisas son como un boomerang (oh barbarismo).

La ministra no ha nacido pura a esta vida de ministra,  no ha nacido independiente. En la aceptación de la firma para paralizar la Ley de Calidad ya llevaba el pecado original, ya está contaminada por firmar lo que han proferido y prometido otros que no son ella. Ha perdido con esto el marchamo de independiente. Antes de decir independientemente lo que piensa, antes de decidir sosegadamente por sus fueros, ha tenido que aceptar  y ordenar  algo  ajeno a lo que ella pensara con toda independencia antes de que la hubieran fichado. No había abierto la boca y ya tenía que ordenar con la voz de su amo. Pensábamos que su contratador la llamaba para que hiciera  alarde de su independencia y de su preparación en los temas educativos, que la dejaba las manos sueltas y la mente por supuesto incontaminada. Para que viera, oyera...pensara y decidiera científicamente, con los cánones de la administración educativa que ella domina. Pero se lo han dado hecho y ha consentido; en términos vulgares, ha tragado. No ha podido decir ni pío y ya le han cargado el muerto de suspender (algo prohibido según los logsistas) la LOCE.

No ha tenido tiempo de pensar si las medidas de la LOCE que dejaba inoperantes eran unas medidas torpes o  eran posiblemente fructíferas. Desde luego estaban dirigidas a solucionar el problema más fuerte de la enseñanza secundaria. Esas medidas habían sido solicitadas por los profesores según las encuestas anteriores a la LOCE y  los profesores de aula estaban muy de acuerdo con ellas después de publicadas en la ley, según conocerá la Ministra por la encuesta e informe de Comisiones Obreras de mayo. Desde su independencia, anterior a los días de marzo, habría entrevisto que las manifestaciones contra la LOCE tenía un ingrediente político –pancartismo- que no tenía que ver con las soluciones a problemas graves que la ley ofrece para bien de los ciudadanos en edad tan difícil.

Si la Ministra sabe lo que son los sofismas y soflamas y conoce los análisis de la realidad cruda y dura, ¿por qué impedir que se pongan en práctica unas medidas operativas para producir beneficios y que estaban bien vistas por las encuestas de profesores-voluntad de los profesionales-? Tiempo habría de amoldar, corregir y perfeccionar más, ya que la enseñanza siempre será una acción y, por tanto, inacabada. Acaso no es lo mejor comenzar cercenando. No ha escuchado la voz de los profesionales. Eliminar las medicinas y los tratamientos medicinales que los profesionales veían bien es muy fuerte (jerga estudiantil). Es como permitir que la enfermedad se extienda. No era cuestión de ideologías, era cuestión de asistencia al momento más complicado de la Secundaria. ¿Y si las medicinas que se van a prescribir dentro de no sé cuanto tiempo tienen casi la misma composición que las que ahora ¡se prohiben!? Ahí está lo de arma arrojadiza que vuelve al lugar de partida, se vuelve contra uno mismo, lo de bumerang que decíamos al principio.

La ministra independiente es como un pajarillo implume en el nido, rodeado de pájaros con cañamones. ¿Quién le soltará los cepos, quién le dejará volar? No es lo mejor sentirse en nido ajeno, rodeado de voces ancestrales y fantasmas pretéritos. La ministra querrá sentirse libre. Las hadas  dan bebedizos, imponen tareas arcanas de antepasados, pueden con su sabiduría redomada cambiar los nombres de las cosas para seguir haciendo lo que estaba previsto y que parezca nuevo. Le deseamos a la ministra durmiente que alguien la despierte para ir a la escuela, como los buenos profesionales van cada día sin escuchar ni a las hienas ni a las sirenas.