Rutina y ausencia de pragmatismo en la propuesta ministerial de reforma de la LOCE

 

 

                                                Julián Martín Martínez.- Presidente de ANCABA (Asociación de Catedráticos de Instituto)

 

La propuesta del Ministerio ha producido una gran decepción, un desencanto paralizante. No ofrece novedades, no contiene propuestas que rompan el susto de haber dejado a la enseñanza colgada en el abismo de la legalidad: ni contigo, ni sin ti. Tras  los gritos de la calle, detrás de las pancartas de las aceras no  se escondían ofertas de renovación. Parece que sólo había ruido. En el documento ministerial no aparecen medidas que conlleven ni un atrevimiento desmedido ni una osadía mesurada. Suenan las mismas músicas de los mismos funcionarios. Nadie piense que  los papeles ofertan un término medio áureo. Lo que prevalece es la rutina, la reiteración (iter significa camino), la repetición ya que aquí se vuelve a caminos trillados, a los senderos hollados donde han quedado embarrados y atascados muchos alumnos desde la implantación de la LOGSE.

En el documento se desechan los Itinerarios y los PIP previstos en la LOCE (los Itinerarios sí que eran caminos nuevos que tenían un destino, una meta académica y social) que estaban trazados y diseñados por  los camineros o arregla caminos que son los profesores que recorren con los alumnos esos caminos; esos profesores de a pie que son auténticos ingenieros de caminos ya que transitan diariamente por los  pasillos y por las aulas. Pero el Documento parece revisionista y es una vuelta atrás a los caminos impracticables, inhóspitos, plagados de baches; unos caminos asaltados por salteadores que aparecen por los centros a matar el tiempo, a pasillear, a boicotear, a violentar el sistema o a vegetar, llenando de zánganos el enjambre que ni estudian ni dejan estudiar. Los Itinerarios trataban de dar respuesta a las situaciones complejas de la segunda etapa de la ESO. El intento de los profesores (esperanza al menos) de casi llenar  las clases de abejas obreras –cada una  en su menester- como anticipo de una sociedad solidaria parece que se va al traste.

La novedad y la aportación fértil de la LOGSE estaba en la diversificación. La LOCE desarrollaba ese principio del tratamiento de la diversidad de alumnos y lo materializaba en los Itinerarios: atención diferenciada a los alumnos, encauzamiento de los conocimientos y actitudes tan heterogéneos  de los alumnos. La filosofía estaba en atender a cada uno en su circunstancia real a partir de los 14 años. Y si la LOCE no decidía que se aplicaran estas mismas medidas en ciclos anteriores se debía al escándalo que podía producir entre los fariseos (¡discriminación!),  los estrechos y puristas intérpretes de la filosofía e la LOGSE. Gritaron ¡discriminación!, pero en el documento no se ofrecen medios concretos, pragmáticos, a la sangrante situación de la Secundaria.

Las propuestas del Ministerio de Sansegundo son aburridas, reincidentes (en el error) en el fondo, que cambian los nombres en la forma. Sansegundo mejor que nadie debía saber que nunca segundas partes fueron buenas y menos si deciden no enmendar un ápice la primera. Para los profesores con experiencia es marear la perdiz, es invitarles a ser complacientes con los niveles bajos y a tragarse su profesionalidad de buscar altura en el bien común. Se vuelve a los juegos malabares con las palabras (pero ya no pillan a nadie por sorpresa como cuando la LOGSE), sabemos que son señuelos.

La gente tiene la seguridad de que las decisiones van a salir de los laboratorios de los teóricos, de la ideología igualitarista y tiene también el convencimiento de que las decisiones ya están tomadas; volvemos a los campos de la igualdad, a marchar uniformados por los campos...uniformemente desacelerados. Más que reivindicar la LOGSE para preñarla o dinamizarla se la trae con su cuerpo de esterilidad a cuestas y con la consiguiente infructuosidad en sus tareas y en sus resultados.

Quién no va a hacer un canto a la enseñanza individualizada. Quién no va a querer programas diversificados cuanto antes, casi desde el principio. A quién no le gusta eso de la microenseñanza. Pero esto se quiere y no se quiere al mismo tiempo porque ¡todo hay que hacerlo a hurtadillas, a escondidas!, sin que se enteren los alumnos de que están hechos de pastas diferentes y sin que los padres perciban trato ¡discriminatorio! Es decir, que estén juntos los alumnos, pero que estén separados; que estén juntos pero que se les atienda diferenciadamente; que estén separados, por tanto, pero sintiéndose juntos, sin que sospechen, ¡horror!, discriminación en la diferenciación.

Ojalá hubiera profesores mil para atender a grupitos diminutos. Como mucho habrá dinero para ordenadores, pero no para profesores. Queda  esto último como más avanzado. Necesitaríamos una legión de profesores para sustituir los Itinerarios (regulados por el nivel de conocimientos y la actitud de trabajo) por ofertas a la carta. Ninguna nación del mundo puede permitirse este lujerío de profesores y de medios a gogó. Ni la Suecia del bienestar puede practicar esto; y tampoco los nórdicos se engañan  sustituyendo el esfuerzo de los alumnos por sucedáneos de ocio o espacios arropados por la engañifla  de lo lúdico, ni reclamando medios materiales. No hay lugar para estas situaciones en los países ricos del mundo, por eso son utopías, cosas que no tienen lugar en la tierra. Pero si estos gobernantes quieren igualar a los alumnos en la ignorancia tal vez el camino sea volver al desierto donde no hay caminos, para que el camino se haga al andar y no se llegue sino a otro desierto, el de la vida estéril. Un camino a ninguna parte.

 

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